Un mes antes de la muerte de dictador, el 20 de octubre de 1975, Antonio Piga recibió la visita del médico personal de Franco, Vicente Pozuelo, en su despacho del hospital advirtiéndole de la extrema gravedad del Jefe del Estado: “Franco está muy grave y vengo a pedirte que coordines el operativo para la conservación del cadáver tras su fallecimiento“. Recuerda que le pidió la máxima discreción y disponibilidad total. La organización del equipo consistía básicamente en estar localizable las 24 horas y vivir durante ese tiempo pegado a dos maletas negras, “grandes y muy feas”, con todo el material necesario para embalsamar. Desde las batas y el instrumental quirúrgico hasta los líquidos y el maquillaje cadavérico. “Las guardé en el maletero de mi coche durante todo ese tiempo. Mi gran preocupación era que me robaran el coche con todo lo que había dentro”.
