El magnate y dueño de SpaceX o Tesla y gran aliado (y donante) de Donald Trump en su regreso a la Casa Blanca, Elon Musk, ha reavivado en los últimos tiempos un escándalo sobre bandas de abuso sexual infantil en el Reino Unido a través de su red social, X, que utiliza para aumentar el alcance de noticias falsas. Organizó, poco después, una conversación en línea con Alice Weidel, candidata a canciller por el partido alemán de extrema derecha AfD, a las puertas de las elecciones del 23 de febrero. Y negocia un acuerdo con el Gobierno italiano para que utilice un sistema de telecomunicaciones con servicios de telefonía e internet encriptados a través de la red de satélites de su propiedad, Starlink. En esta coyuntura, la pregunta es más que pertinente: ¿qué puede hacer la UE para contrarrestar los esfuerzos del hombre más rico del mundo por interferir en la política europea?
