La inmediatez, que todo lo preside, también ha llegado al Everest. Ahora, los turistas de esta montaña desean saltarse el tedio de la espera en su campo base, la incomodidad de dormir en tiendas de campaña, el frío nocturno, las rotaciones para aclimatarse a la altitud o las letrinas malolientes. Para todos los que puedan gastarse 150.000 euros en una semana, una empresa austriaca ha dado con una clave de mercadotecnia tan efectista como controvertida: inhalar gas xenón. Con este truco, cuatro turistas ingleses han aceptado el reto de salir de casa, plantarse en la cima del Everest y regresar a sus asuntos en siete días, tal y como recogía hace escasos días el Financial Times.
