Publicado el 08/07/2025 por Administrador
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Peter Navarro, exasesor comercial del expresidente Donald Trump y figura clave en su círculo económico, arremetió contra Apple y su CEO, Tim Cook, por no trasladar la producción de iPhones fuera de China, a pesar de años de promesas y presiones políticas para fomentar la fabricación en suelo estadounidense.
Durante una entrevista reciente, Navarro calificó la situación como “una de las novelas más largas de Silicon Valley”, en alusión a los constantes anuncios de diversificación de Apple sin que, en su opinión, se concreten verdaderos cambios estructurales. “Tim Cook lleva años prometiendo que va a traer la producción de vuelta, pero seguimos esperando”, dijo con tono crítico.
Apple ha sido objeto de crecientes cuestionamientos por mantener gran parte de su cadena de ensamblaje en China, incluso en un contexto de tensiones comerciales, presiones por seguridad nacional y disputas geopolíticas que afectan la relación entre Washington y Pekín.
Navarro fue más allá y sugirió que, si Trump regresa a la presidencia, podría imponer un arancel del 25 % sobre los productos de Apple fabricados en China, como medida para forzar un traslado real de sus líneas de producción hacia Estados Unidos o países aliados.
A pesar de los cuestionamientos, Apple ha dado algunos pasos para diversificar su cadena de suministro, incluyendo inversiones en India y Vietnam. Sin embargo, gran parte de su estructura sigue dependiendo de fábricas ubicadas en Shenzhen y otras regiones industriales chinas, donde la compañía cuenta con décadas de experiencia operativa y mano de obra calificada.
Expertos del sector señalan que un traslado completo de la producción al territorio estadounidense sería extremadamente costoso. Un iPhone ensamblado íntegramente en EE.UU. podría duplicar o triplicar su precio actual, debido a los elevados costos laborales, la falta de infraestructura y los plazos de producción más largos.
Apple, por su parte, no ha respondido directamente a los comentarios de Navarro, aunque su CEO ha defendido en otras ocasiones la estrategia de diversificación progresiva como la única viable para una empresa con la escala y complejidad global que maneja.
La crítica de Navarro se inscribe en una ofensiva política más amplia de Trump y su entorno para reindustrializar Estados Unidos, repatriar empleos manufactureros y reducir la dependencia tecnológica de China. Apple, como emblema de la innovación estadounidense, se ha convertido en un blanco simbólico dentro de esa narrativa.
De cara a una eventual nueva administración Trump, este tipo de tensiones entre la Casa Blanca y Silicon Valley podrían volver a escalar, con implicaciones directas no solo para Apple, sino para toda la industria tecnológica global.