La muerte y lo extremo; lo jondo y el folclore; los ancestros y la carne; la superstición y el instinto. Son latidos recurrentes, habituales, en el discurso de la bailarina y coreógrafa Luz Arcas (Málaga, 43 años). La profundidad y conciencia, desprejuiciada y libre, con la que viene desarrollándolos al frente de su compañía La Phármaco, la sitúan en un lugar mucho más que singular de la escena. Premio Nacional de Danza 2024 en la modalidad de creación, Arcas es de esas artistas comprometidas con su trabajo y con la hondura, en su caso de lo coporal.
