Gracias a los corruptos, gracias a los violentos, gracias a aquellos que dicen amar al “pueblo”, pero que no hacen más que sembrar caos, vamos camino a unas nuevas elecciones en las que los temas primordiales para Colombia serán los mismos de hace 10 años, de hace 20 años, de hace 40 años, de hace 60 años y tal vez de mucho más atrás. Vivimos una condena interminable dictada por quienes nos gobiernan (los de hoy y los de hace 10 años y los de hace 40) que nos obliga a estar pendientes de la supervivencia propia y de la democracia, en lugar de estar mirando hacia el futuro global que pinta cada vez más mal.
