A las cuatro de la tarde del 9 de abril de 2024, mientras Juan Valentín Gamboa caminaba por una calle de Arauca, una mujer desconocida se acercó y le advirtió que debía irse del departamento. Gamboa, entonces de 27 años, llevaba días recibiendo mensajes de la guerrilla del ELN y sabía que podían tomar represalias en cualquier momento. Volvió a su casa, empacó lo indispensable y, al día siguiente, salió de la región donde había trabajado desde joven.
