Hay un momento en el que las palabras comienzan a significar lo contrario de aquello que un día nombraron. Es una paradoja semántica y casi una evidencia de la frágil relación que tienen las palabras con el mundo. En contra de lo que dijera Steiner, no hay ningún lazo invisible que anude por un extremo el lenguaje y por otro la realidad. Por eso estamos perdidos. Nadie puede saber qué significado de todos los que tiene un vocablo a lo largo de la historia es el más legítimo, ni hasta qué punto traicionar la etimología de un término supone una verdadera deslealtad. Una de esas palabras que dejaron de ser lo que fueron y que incluso invirtieron el sentido de su antigua raíz es la palabra “digital”.
