Estábamos advertidos. Aquella primera presidencia fue el aviso que Angela Merkel interpretó justamente: había llegado la hora para que los europeos tomaran en sus manos la responsabilidad sobre su seguridad. La guerra de Ucrania agudizó la perentoriedad del desafío. Y la marcha triunfal de Trump hacia su segunda presidencia disparó las alarmas. La triste realidad es que Europa ha llegado sin los deberes hechos a la hora de la verdad, cuando Putin y Trump han hecho la paz por separado.
