En un capítulo de Cien años de soledad, la serie de Netflix, el recién llegado corregidor de Macondo convoca las primeras elecciones. Apolinar Moscote, como se llama el dirigente local, conoce el resultado del conteo de un sargento: “236 votos en total. 132 papeletas rojas por el Partido Liberal. Y tan solo 104 azules por el Partido Conservador”. Y responde sin inmutarse: “Pues que sea al revés: 132 votos azules y 104 rojos”, y saca de un cajón las papeletas azules que le faltaban antes de mandar sellar la urna. Se supone que la acción transcurre entre finales del siglo XIX y principios del XX, pero hay cosas que no han cambiado. Eso mismo, con similar desvergüenza, ha sucedido no en Colombia, pero sí muy cerca, en la Venezuela de Maduro. Ese pasaje, por desgracia, es más realista que mágico, como lo son la escenas de las guerras interminables. También hay magia en esta historia: gente que levita, fantasmas, premoniciones, alquimia, epidemias de insomnio, un hilo de sangre que anuncia una muerte.
