
Sirva el tercer aniversario de la invasión de Ucrania, que se cumple este lunes, para tratar de recordar lo esencial en medio de la confusión: un país democrático en la frontera oriental de Europa lleva tres años sufriendo la agresión militar de Rusia, una agresión por pura paranoia imperialista, justificada con mentiras y con el explícito propósito de despojar al país de soberanía, libertad e identidad, si no anexionarlo de facto, para evitar su progresivo acercamiento a la Europa más próspera. En este tiempo, la guerra de Vladímir Putin contra Ucrania ha provocado al menos 43.000 soldados muertos ucranios reconocidos por Kiev, más de 12.000 civiles muertos y cientos de miles de heridos, aparte del mayor éxodo visto en Europa desde la II Guerra Mundial: 6,8 millones de personas fuera de su tierra.
