Cuando en 2017 David Lynch se embarcó en su biografía, lo hizo lynchianamente: la periodista Kristine McKenna afrontó, hablando con más de 100 personas, la escritura del relato biográfico al uso, y tras cada episodio, Lynch se zambullía en el suyo, erigiendo sus memorias desde sus emociones: “Utilizando los recuerdos de los demás para desenterrar los míos, redactaba mi propio capítulo”. Y explicaba: “La conciencia humana es demasiado vasta para confinarla entre las cubiertas de un libro, y cada experiencia tiene demasiados elementos a tener en cuenta. En resumen, aspirábamos a que esta biografía fuera la definitiva, pero sigue siendo un mero esbozo”.
