En la década de 1960, el miedo se apoderó de los cultivadores de café en todo el mundo. Desde África, la roya comenzó una rápida expansión global. Este hongo, que provoca la caída prematura de frutos y hojas en los cafetos, logró algo que pocos creían posible: impulsado por los vientos, hizo un viaje transatlántico y llegó a Brasil en la década de 1970; desde allí, se extendió a todos los países productores de café en América. En Colombia, el primer caso se registró el 27 de septiembre de 1983, en una finca del departamento de Caldas.
