
Un año después de ser derrocado, el exdictador sirio Bachar el Asad ahora mata el tiempo “repasando sus estudios de oftalmología” y “dando clases de ruso”, según han revelado fuentes próximas al exmandatario al diario británico The Guardian. El último de una dinastía que reinó en Siria con puño de hierro desde los años 70 del siglo XX vive ahora escondido en el exilio en Rubliovka, un exclusivo barrio a las afueras de Moscú, donde su esposa recibe un tratamiento experimental contra el cáncer “bajo el control de los servicios de inteligencia rusos”.
